por PAHO.ORG

En las Américas, la pandemia de COVID-19 irrumpió en un contexto de elevada desigualdad social y generó sinergias negativas con otras epidemias preexistentes. Diversos estudios realizados en varios países de la Región han documentado una mayor letalidad entre las personas que residen en zonas con una mayor concentración de pobreza, así como en personas indígenas y afrodescendientes (12-15). La pérdida de vidas humanas, la reducción de la esperanza de vida y una afectación simultánea y sincronizada en la salud física, mental y social (en mayor medida en los grupos sociales en situación de vulnerabilidad) son el saldo de la pandemia.

Contenido
Agentes de salud en una comunidad

Epidemiología

Desde la aparición de los primeros casos de COVID-19 en la Región hasta el 31 de agosto del 2022 se han registrado cinco olas epidémicas (figuras 3.1 y 3.2). Todas ellas se han caracterizado por diferencias en la virulencia y la letalidad de la enfermedad. La última ola ha sido controlada gracias a la cobertura de vacunación contra la COVID-19, que ha contribuido a la reducción de la mortalidad de forma considerable (16,17).

La Región de las Américas ha sido una de las que ha sufrido mayores efectos a consecuencia de la pandemia, con 29% y 44% de los casos y las muertes confirmados, respectivamente, en comparación con 13% de la población mundial. Hasta el 31 de agosto del 2022, se registraron 175 771 144 de casos de COVID-19 en la Región (52%, mujeres; 48%, hombres). Por otro lado, América del Norte registró 55% de todos los casos en la Región de las Américas, pero 62% del total de las muertes ocurrió en América Latina y el Caribe (figuras 4 y 5).

Figura 3.1. Casos confirmados de COVID-19 y muertes por COVID-19 en la Región de las Américas, por subregión y semana de notificación

Esta figura muestra el número de casos y muertes confirmados de COVID-19 en la Región de las Américas desde el 1 de enero de 2020 hasta el 31 de agosto de 2022. Haga clic en el botón opciones para ver los casos y las muertes por semana o de forma acumulada. La cifra se puede ver en escala lineal o logarítmica. El botón amarillo le permite ver los casos y las muertes por subregiones.

Figura 3.2. Muertes por COVID-19 por millón de habitantes vs. casos por millón de habitantes, en el contexto de los grupos de ingresos

Teniendo en cuenta el tamaño de la población, la carga de morbilidad y mortalidad, y la riqueza del país, esta figura animada ilustra los cambios en los casos de COVID-19 por millón de habitantes de los países, desde el 1 de enero de 2020 hasta el día completo en que se visualiza la figura, graficados contra las muertes acumuladas por millón. Los países se muestran según los grupos de ingresos del Banco Mundial: ingresos altos (verde), ingresos medios altos (amarillo) y grupos de ingresos medios bajos (rojo). Haga clic en el botón “reproducir” a la izquierda del eje vertical (y) para ver el cambio en el número de casos y muertes por mes. Tenga en cuenta que puede seleccionar individualmente un país para ilustrar el cambio durante el período y ver más información sobre cada país.

Figura 3.3. Muertes semanales confirmadas por COVID-19 en las diferentes regiones de la OMS

Esta figura muestra el número de muertes por COVID-19 por las seis regiones de la OMS. La primera vista muestra las muertes de las seis regiones apiladas. Haga clic en el botón “Cuadro de comparación” a la izquierda para ver las muertes de cada región, por separado.

Figura 4. Casos de COVID-19 notificados en la Región de las Américas, por subregión, en número y porcentaje, al 31 de agosto del 2022
Graph
Figura 5. Muertes por COVID-19 notificadas en la Región de las Américas, por subregión, en número y porcentaje, al 31 de agosto del 2022

GraphFuente: Organización Panamericana de la Salud 2022. Datos Disponibles en: https://shiny.pahobra.org/wdc/.

La subregión de América del Norte ha notificado el mayor número de casos por 100 000 habitantes a lo largo de la pandemia (25 951,50 casos por 100 000 habitantes), seguida del Cono Sur (21 212,17) y el Caribe no latino (11 418,30) (figura 6). Este resultado posiblemente refleja un manejo más adecuado de la información generada y una mayor oportunidad en los sistemas de vigilancia, detección y diagnóstico.

Figura 6. Tasa de casos de COVID-19 por 100 000 habitantes en la Región de las Américas, por subregión

GraphFuente: Organización Panamericana de la Salud 2022. Datos Disponibles en: https://shiny.pahobra.org/wdc/.

La subregión de América del Norte también representó la mayor proporción de muertes notificadas durante la pandemia (figura 7), con un total de 1 079 383 muertes acumuladas comunicadas al 31 de agosto del 2022. Sin embargo, al comparar la tasa de mortalidad acumulada por millón de habitantes, la mayor tasa se registró en Brasil (3191), seguida de la zona andina (2938) y el Cono Sur (2900).

Figura 7. Tasa de mortalidad por COVID-19, por subregión, por millón de habitantes

GraphFuente: Organización Panamericana de la Salud 2022. Datos Disponibles en: https://shiny.pahobra.org/wdc/.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los datos mundiales desagregados por sexo muestran que el número de casos confirmados es mayor entre las mujeres en comparación con los hombres (figura 8). En cambio, ocurre lo contrario para las muertes: del total de casos de muerte, los hombres representan 58% del total y las mujeres, 42% (18,19).

Figura 8. Distribución de casos y muertes por COVID-19 en la Región de las Américas, por sexo, en porcentajes

GraphFuente: WHO COVID Surveillance Detailed Dashboard, 2022. Disponible en: https://app.powerbi.com.

El informe reciente de la OMS sobre el exceso de muertes debidas a la COVID-19 estima que en la Región de las Américas hubo 3,23 millones de muertes, es decir, 430 000 muertes más que las notificadas (20). Del exceso de mortalidad, 83,5% se concentraba en cinco países: Brasil, Colombia, Estados Unidos de América, México y Perú. Debido a su alta tasa de mortalidad, la COVID-19 se convirtió en una de las principales causas de muerte en el 2020 y el 2021.

Los datos a nivel mundial disponibles con desagregaciones por grupos etarios muestran que los casos totales se concentran desproporcionadamente en la población de 20 a 50 años de edad. En las Américas, se estima que la población de 70 años o más da cuenta de 9,1% de los casos acumulados; en este grupo etario se han acumulado 51% de las muertes, como se observa en la figura 9. Asimismo, en los países de la Región de las Américas la letalidad de la COVID-19 se eleva exponencialmente con la edad. La vacunación ciertamente ha reducido el riesgo de muerte en lo general, si bien este se mantiene más elevado entre las personas adultas mayores.

Figura 9. Distribución proporcional de casos y defunciones de la COVID-19 en Las Américas por grupos quinquenales de edad para 2020, 2021 y 2022

Hay dos opciones diferentes para ver la información. La primera vista muestra la tasa ajustada por edad de casos y muertes de COVID-19 por millón de grupos de población.

La segunda opción presenta los datos en un gráfico.

En cuanto a las desigualdades socioeconómicas, estudios realizados en diversos países de la Región han documentado una mayor letalidad de la COVID-19 en los grupos en situación de vulnerabilidad, lo que incluye a las personas que residen en zonas de mayor concentración de pobreza y a la población indígena.

Esperanza de vida en la Región

La esperanza de vida en América Latina y el Caribe y en América del Norte se redujo de 75,1 años en el 2019 a 72,2 en el 2021 (2,9 años menos) y de 79,5 años en el 2019 a 77,7 en el 2021 (1,8 años menos) —respectivamente—, debido principalmente al impacto de la COVID-19 (21), con la mayor pérdida de esperanza de vida en América Latina y el Caribe. La esperanza de vida del 2021 para América Latina y el Caribe y América del Norte es comparable a la del 2004. Durante este período, la esperanza de vida se redujo en mayor medida en los hombres que en las mujeres tanto en América Latina y el Caribe como en América del Norte (cuadro 2).

Cuadro 2. Esperanza de vida en la Región de las Américas, por subregión y sexo, 2004, 2019 y 2021, en años
SubregiónEsperanza de vida
200420192021Pérdida de años entre el 2019 y el 2021
América del Norte77,879,577,71,8
Hombres75,276,974,92,0
Mujeres80,381,980,71,2
América Latina y el Caribe72,375,172,22,9
Hombres69,571,968,83,1
Mujeres75,978,375,82,5

Fuente: United Nations, Department of Economic and Social Affairs, Population Division. World Population Prospects 2022. New York: United Nations; 2022. Disponible en: https://population.un.org/wpp/Sistema y Servicios de Salud

Sistemas y servicios de salud

Aunque con excepciones, los sistemas de salud de las Américas se han caracterizado por su subfinanciamiento, segmentación y fragmentación. Si bien hay procesos de reforma y fortalecimiento del sector de la salud en curso en los países de la Región, los avances no han logrado proteger a los países ante la presión generada por la pandemia. El bajo gasto público en salud es en promedio de 3,8% del producto interno bruto, lejos de la meta de 6%. Esto se ha reflejado en déficits de infraestructura y recursos humanos disponibles para la salud.

El nivel de gasto de bolsillo en salud en la Región es elevado, lo que aumenta el riesgo de empobrecimiento de los hogares, y es una de las principales fuentes de inequidad en el acceso a los servicios de salud, ya que supone una desprotección financiera para las personas que se encuentran en situaciones de mayor vulnerabilidad, que están más expuestas a incurrir en gastos catastróficos en caso de enfermar.

La enorme presión que la pandemia ha ejercido sobre los sistemas de salud de los países de la Región de las Américas expuso, una vez más, las brechas que se arrastran desde tiempo atrás sobre la salud universal, aumentando las desigualdades en el acceso a servicios de salud efectivos e integrales (22,23). Los servicios de salud han debido enfrentar incrementos inéditos de demanda en un escenario de recursos limitados para atender a una afección nueva y grave que rápidamente escaló a una crisis de salud pública, social y económica a nivel mundial.

La pandemia hizo evidentes además los retos que enfrentan los sistemas de salud para garantizar el acceso universal a la salud y la cobertura universal de salud. Adaptar y reconvertir los servicios para incrementar la capacidad de atención permitió una mayor oferta para personas con la nueva enfermedad, pero también debilitó la prestación de otros servicios, en particular en las zonas periurbanas, rurales e indígenas.

De forma heterogénea, los países asumieron el reforzamiento del primer nivel de atención. Por lo tanto, una de las acciones más importantes que se recomendaron como parte de la respuesta a la COVID-19 en el área de prestación de servicios de salud fue reorganizar y reforzar la capacidad resolutiva del primer nivel de atención para participar de los procesos de contención de la propagación de la enfermedad, en la detección precoz del SARS-CoV-2, en el seguimiento y tratamiento inicial de los casos y para priorizar las prestaciones en todas las áreas, manteniendo las esenciales (24).

El grado de efectividad de estas acciones dependió en gran medida de las capacidades prexistentes de salud pública en los países. En muchos casos, las brechas de capacidad limitaron una respuesta integral e integrada, lo que condujo a medidas de respuesta tardías, interrupciones en la continuidad de los servicios esenciales, exacerbación de las barreras de acceso y bajas tasas de vacunación contra la COVID-19. En mayo del 2020, cerca de 20 países habían incorporado los servicios de atención primaria en la respuesta a la COVID-19, aunque no estaban funcionando a su máxima capacidad. Los servicios de salud mental, enfermedades transmisibles y salud sexual, reproductiva, materna, neonatal, infantil y adolescente fueron los más afectados (cuadro 3).

Cuadro 3. Países de la Región de las Américas con interrupciones en los servicios de salud, por área de atención, en porcentaje
Área de servicio de saludPaíses con interrupciones en el servicio
Primer nivel de atención70
Vacunación69
Atención a personas mayores67
Nutrición64
Enfermedades tropicales desatendidas53
Salud mental, trastornos neurológicos y por uso de sustancias47
Enfermedades transmisibles38
Salud sexual, reproductiva, materna, neonatal, infantil y adolescente32

Fuente: OPS/OMS. Tercera ronda de la Encuesta Nacional sobre la Continuidad de los Servicios Esenciales de Salud durante la Pandemia del COVID-19: noviembre-diciembre de 2021. Informe provisional para la Región de las Américas, enero 2022. Disponible en: https://iris.paho.org/bitstream/handle/10665.2/56165/OPSHSSHSCOVID19220023_spa.pdf?sequence=1&isAllowed=y.

Hasta finales del 2021, 93% de los países notificaron interrupciones en la prestación de servicios esenciales de salud para todas las modalidades, con 26% señalando interrupciones de entre 75% y 100% de los servicios, y con interrupciones promedio en 55% de los 66 servicios analizados.

Tanto para los servicios de atención primaria como para los de cuidados paliativos y rehabilitación, 70% de los países comunicaron interrupciones.

En todos los servicios se observaron estas reducciones, que se han reflejado en caídas en los indicadores de salud. Por ejemplo, se ha observado una amplia necesidad insatisfecha de métodos anticonceptivos modernos en la Región (de entre 14,5% y 17,7%), que ha resultado en un estimado 1,7 millones de embarazos no planificados, cerca de 800 000 abortos, 2900 muertes maternas y cerca de 39 000 muertes infantiles, y que implica un retroceso equivalente a 20 o 30 años de avances en este campo (25).

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en el 2020 el número promedio de camas de hospital en América Latina y el Caribe era de 2,1 por cada 1000 habitantes, lo que representó menos de la mitad del promedio de los países que conforman la OCDE de 4,7 (26). Además, el cuello de botella más importante para el tratamiento de los pacientes graves de COVID-19 fue la capacidad limitada de las camas de cuidados intensivos debido a las altas tasas de ocupación, que, al sobrepasar 70% en muchos países de la Región, se convirtieron en una emergencia en sí mismas (27). Por tanto, una de las primeras acciones que se tuvo que llevar a cabo en los servicios de salud para atender las personas con COVID-19 fue la reconversión de camas hospitalarias para el manejo de pacientes contagiados graves con el apoyo de equipos de emergencias médicas, la instauración de hospitales móviles y sitios alternativos y la dotación de oxígeno en hospitales, centros de primer nivel de atención y en los domicilios.

Un análisis de información de los sitios oficiales de comunicación de los ministerios de salud realizado en 16 países entre los meses de marzo del 2020 y septiembre del 2021 muestra que el número de camas de cuidados intensivos pasó de 61 406 a 122 501, con un incremento de 99% (61 095 camas) en la capacidad instalada; en otras palabras, se duplicó la oferta de servicios en tan solo 18 meses.

Recursos humanos en salud

La respuesta a la pandemia de COVID-19 ha vuelto a poner de manifiesto el déficit crónico y la deficiente distribución de los recursos humanos en salud en la Región. También se ha evidenciado la falta de políticas, de procesos de planificación estratégica y de inversión en la producción y desarrollo de una fuerza laboral de salud adecuada para su propósito en numerosos países.

A nivel mundial, la mayoría del personal de salud son mujeres, casi 7 de cada 10. En la Región, 56% de los recursos humanos en salud son personal de enfermería, y 89% son mujeres. Además de sus responsabilidades laborales, las mujeres también son las principales cuidadoras de la familia y, en muchos casos, el principal sostén del hogar; las expectativas sobre las mujeres han aumentado significativamente durante la pandemia, lo que les ha causado un estrés añadido y ha afectado a su salud mental y bienestar. Los estudios realizados entre el personal de salud de la Región muestran niveles elevados de trastornos mentales en Argentina, Chile, Estados Unidos, México, y Trinidad y Tabago.

Para garantizar el funcionamiento del sistema de salud se han requerido cambios en la planificación estratégica y la regulación del personal de salud, así como medidas de apoyo y aumento de la capacidad para ese personal. Numerosos países se han enfrentado además a problemas ya existentes en materia de personal de salud, entre otros la escasez (estimada en 15 millones de profesionales a nivel mundial para el 2020 y 10 millones para el 2030) principalmente en los países de ingresos bajos y medianos bajos), la mala distribución y el desajuste entre las necesidades y las competencias.

Desde la confirmación de los primeros casos de COVID-19 en las Américas hasta el 29 de noviembre del 2021, se han notificado al menos 2 397 174 casos entre el personal de salud, incluidas 13 081 muertes, de acuerdo con la información disponible de 41 países y territorios de las Américas (cuadro 4) (28). Los casos representan 16% del total del personal de salud, estimado en 15 millones en la Región (29). Por otra parte, estudios recientes dirigidos por la OMS han estimado más de 115 000 muertes por COVID-19 entre el personal de salud a nivel mundial (incluidas alrededor de 60 000 en las Américas) (30).

Cuadro 4. Número de casos confirmados de COVID-19 y de muertes acumuladas en personal de salud de la Región de las Américas, por país y territorio, enero del 2020 al 30 de noviembre del 2021
País o territorioCasos confirmados de COVID-19Muertes
Anguila130
Antigua y Barbuda442
Argentina240 2611273
Aruba3010
Bahamasa95514
Belice5424
Bermudas590
Bolivia (Estado Plurinacional de)a28 418456
Bonaire1231
Brasil655 105903
Canadáa113 10564
Chilea64 681134
Colombia68 230337
Costa Rica896957
Curaçao1380
Dominicaa10
Ecuador13 332156
El Salvadora764379
Estados Unidos761 3782810
Granadaa140
Guatemalaa864265
Haitía7813
Hondurasa13 668115
Islas Caimán360
Islas Malvinasa120
Islas Turcas y Caicos1100
Islas Vírgenes Británicasa1410
Jamaicaa8614
Méxicob286 2854572
Panamá9078115
Paraguay17 839183
Perú76 0991475
República Dominicana164523
Saint Kitts y Nevisa340
San Eustaquio80
San Vicente y las Granadinas310
Santa Lucía2460
San Martín (Países Bajos)730
Suriname17223
Uruguay974528
Venezuela (República Bolivariana de)6806205
Total2 397 17413 081

Notas: a Los últimos datos disponibles datan del 30 de octubre del 2021.
b La información corresponde a la variable “ocupación” del Sistema de Vigilancia Epidemiológica de Enfermedades Respiratorias (SIS VER). El análisis refleja los casos que refirieron desempeñar una ocupación relacionada con la salud. La información recabada en SISVER no permite identificar si el contagio sucedió en el lugar del trabajo, en el hogar o la comunidad; tampoco establece si el personal de salud trabaja actualmente en una unidad de atención médica.
Fuente: Organización Panamericana de la Salud. Actualización epidemiológica: Enfermedad por coronavirus (COVID-19), 2 de diciembre del 2021. Washington, DC: OPS; 2021. Disponible en: https://iris.paho.org/bitstream/handle/10665.2/55322/EpiUpdate2Dec2021_spa.pdf?sequence=2&isAllowed=y.

Los países de la Región desarrollaron diversas estrategias orientadas a optimizar la disponibilidad de recursos humanos, garantizando al mismo tiempo su seguridad y condiciones de trabajo, que incluyera la provisión de equipos de protección personal (EPP) y orientaciones de uso y seguridad para el personal, el incentivo económico para quienes trabajaron en atención directa a los pacientes con COVID-19, el reconocimiento de la COVID-19 como enfermedad profesional, la cobertura con seguros de vida para el personal y las intervenciones para abordar sus problemas de salud mental.

Programa regular de inmunización

Durante la última década, los programas de vacunación regular infantil han contribuido enormemente a reducir las enfermedades prevenibles por vacunación y a salvar millones de vidas. A pesar de los progresos logrados, el impacto de la pandemia también se asoció a las interrupción de las actividades de vacunación.

Tanto las dosis administradas como las subsecuentes coberturas de vacunación han caído desde el 2020 en la Región (cuadro 5). Las subregiones que han experimentado reducciones importantes en las dosis suministradas son América del Norte, seguida por el Cono Sur y la zona andina para difteria, tétanos y tos ferina (DTP-1), DTP-3 y sarampión, rubéola y parotiditis (SRP-1). Las caídas en las coberturas varían desde 3,7% con la vacuna de DTP-3 a 10,3% con el SRP-2 (cuadro 6). Ante este escenario, la OPS está trabajando con los países y sus socios para mejorar las coberturas de vacunación y disminuir el riesgo de brotes de enfermedades prevenibles por vacunación, con el fin de no dejar a ninguna persona atrás.

Cuadro 5. Diferencia relativa de dosis de distintas vacunas administradas en la Región de las Américas, por subregión, comparación entre el 2021 y el 2019
SubregiónDTP-1 (%)DTP-3 (%)SRP-1 (%)
América del Norte–51,2–38,5–50,4
Brasil–22,4–12,4–35,9
Caribe latino–9,5–10,5–11,6
Caribe no latino–12,8–12,712,8
Centroamérica–24,8–24,6–24,8
Cono Sur–42,8–44,8–45,3
Zona andina–42,8–36,5–31,3

Fuente: Organización Panamericana de la Salud. Impacto de la COVID-19 en las coberturas del programa de vacunación sistemática 2019-2021. Washington, DC: OPS. Inédito.

Cuadro 6. Cobertura de vacunación en la Región de las Américas, 2019-2021
Vacuna2019 (%)2020 (%)2021 (%)Disminución (2019-2021*)a
DTP-18988,6863,5
DTP-38485813,7
PCV (última dosis)86,881,7808,5
Polio38782799,8
SRP-18787852,4
SRP-275656810,3

Notas: a Estimado por la Organización Panamericana de la Salud.
DTP: difteria, tétanos y tos ferina; PCV: vacuna antineumocócica conjugada; Polio3: poliomielitis. SRP: sarampión, rubéola y parotiditis.
Fuente: Organización Panamericana de la Salud. Immunization Reported Coverage. Washington, DC: OPS; 2022. Disponible en: https://ais.paho.org/imm/IM_JRF_COVERAGE.asp.

Sistemas de información y transformación digital

Contar con sistemas de información para la salud que sean funcionales, interconectados e interoperables ha mostrado ser una herramienta estratégica en la que basar la toma de decisiones relacionadas con la respuesta a la pandemia. El desarrollo y la innovación de los sistemas de información y vigilancia epidemiológica han permitido anticipar la ruta de la pandemia mediante el uso de soluciones digitales como chatbots, plataformas y aplicaciones (inteligencia artificial, robótica, telesalud, cadenas de bloques, internet de las cosas, entre otros), así como el uso de la inteligencia artificial para el control de la infodemia, el procesamiento y análisis de los datos disponibles y el desarrollo de modelos de simulación, entre otros.

El acceso a datos, información y contenidos multimedia se ha simplificado gracias al uso masivo de internet, las redes sociales y las tecnologías móviles; no obstante, estos mismos mecanismos, al tiempo que generan una sobrecarga de información de muy difícil gestión en los procesos de toma de decisiones rápidas, facilitan la circulación de información falsa o tergiversada que es parte de la infodemia que ha dado lugar a efectos como la reticencia a vacunarse, la resistencia a seguir medidas preventivas y, en muchos casos, a administrarse automedicación incorrecta o al abandono de los tratamientos, entre otros efectos.

Por otra parte, la incorporación de las aplicaciones de salud digital en el ámbito de la salud y la salud pública ha contribuido a mejorar el seguimiento de los pacientes (tanto en el caso de la COVID-19 como con otras afecciones), la gestión de registros médicos de salud, el autocuidado responsable, las teleconsultas y la teleeducación, la captura automática de datos críticos, y la emisión de certificados digitales de vacunación y de pases de movilidad, entre otros. Todo ello permitió mantener el acceso a los servicios de salud, y a su vez, reducir los costos de la atención y acercar la salud a las zonas y grupos en situación de vulnerabilidad.

Asimismo, el uso de la inteligencia artificial durante la pandemia ha destacado en el área de compras y ha sido esencial para resolver problemas complejos de manera más eficiente, como por ejemplo, automatizando tareas, diseñando rutas de distribución más eficaces, capturando nuevas fuentes de datos de manera automática y, sobre todo, haciendo que la gestión de las relaciones con los proveedores internacionales se base en mayor medida en datos transparentes y de calidad. Aun así, en las Américas persisten grandes brechas digitales de conectividad y ancho de banda para un acceso apropiado a internet, que si no se atienden oportunamente y con políticas públicas, podrían exacerbar las inequidades existentes.

Enfermedades transmisibles y COVID-19

En el último decenio, en diversos países se alcanzaron hitos en la eliminación de enfermedades como la malaria, la rabia trasmitida por perros, la oncocercosis, la fiebre aftosa, la enfermedad de Chagas y el tracoma, así como en la transmisión maternoinfantil del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) y la sífilis. Sin embargo, la pandemia de COVID-19 trajo consigo retos importantes. Algunos de los factores que han dificultado la operación de los programas son la interrupción de los servicios de salud debido a las cuarentenas y la restricción del movimiento de personas impuesta por varios países, la falta de recursos e insumos críticos para la atención de los pacientes y la continuación de los servicios de prevención y control, la reorientación y redistribución de los recursos humanos y financieros para dar respuesta a la pandemia y los problemas en las cadenas de distribución y abasto internacionales y nacionales de medicamentos e insumos.

El retroceso en el progreso de las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenibles (ODS) relativos a la tuberculosis, el VIH y la malaria es un revés importante en el camino al logro del ODS 3 y al cierre de las brechas de desigualdad en los grupos en situación de vulnerabilidad. Como se indica en el informe de resultados correspondiente al 2021 del Fondo Mundial de Lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria, destaca un panorama devastador para el logro de las metas de VIH, tuberculosis y malaria debido a la COVID-19 (31). El impacto de la pandemia sobre las enfermedades transmisibles ocasionó múltiples interrupciones en todas las intervenciones establecidas para su manejo, control y eliminación, incluidos su diagnóstico y tratamiento (cuadro 7).

Cuadro 7. Países de la Región de las Américas que informaron de la interrupción de los servicios y programas de control y prevención de enfermedades transmisibles, en porcentaje
InterrupcionesPaíses (%)
Diagnóstico y tratamiento de la tuberculosis65
Acceso a pruebas diagnósticas del virus de la inmunodeficiencia humana50
Diagnóstico y tratamiento de la malaria50
Diagnóstico y tratamiento de la hepatitis vírica43
Servicios de prevención59

Fuente: OPS/OMS. Tercera ronda de la Encuesta Nacional sobre la Continuidad de los Servicios Esenciales de Salud durante la Pandemia del COVID-19: noviembre-diciembre de 2021. Informe provisional para la Región de las Américas, enero 2022. Disponible en: https://iris.paho.org/bitstream/handle/10665.2/56165/OPSHSSHSCOVID19220023_spa.pdf?sequence=1&isAllowed=y.

Asimismo, casi la mitad de los países sufrieron interrupciones en los servicios de atención a las enfermedades infecciosas desatendidas y otras enfermedades transmisibles, en particular las actividades regulares de control de vectores, la entrega masiva de medicamentos y el tamizaje de poblaciones en riesgo de infección. La reasignación de recursos de diferentes programas para responder a la pandemia aún complica retomar las acciones en diversos servicios y pone en riesgo el logro de los compromisos asumidos para la eliminación de esas enfermedades de aquí al 2030. Además, los sistemas de la cadena de suministros para la salud, imprescindibles para proporcionar el diagnóstico y tratamiento de estas enfermedades, sufrieron interrupciones en 40% de los países.

La crisis mundial de resistencia a los antimicrobianos se ha agravado con la emergencia de nuevos y más complejos mecanismos de resistencia. Esto se relaciona con el aumento del consumo de antimicrobianos para tratar a los pacientes con COVID-19 y a las brechas en las prácticas de prevención y control de infecciones en sistemas de salud desbordados.

Abordar las desigualdades relacionadas con el VIH, la tuberculosis y la malaria es un tema complejo que se ha visto agravado por la pandemia de COVID-19. Para dar respuesta a estos desafíos, es necesario fortalecer la atención primaria de salud centrada en las personas, la salud universal y en enfoque sobre los determinantes sociales de la salud con acciones multisectoriales.

Virus de la inmunodeficiencia humana

En el 2020, la mayoría de los países del mundo no alcanzaron las metas 90-90-90 del Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/Sida (ONUSIDA)1. El mismo año, a partir de las estimaciones de Spectrum realizadas por el ONUSIDA, se consideró que en América Latina y el Caribe hubo un aumento de 8,7% en la cobertura de la terapia antirretroviral, a pesar de la COVID-19.

A partir de los datos comunicados por 20 países al ONUSIDA, se concluye que en el 2020 hubo una disminución de 34% en el número de personas que se sometieron a la prueba del VIH respecto al 2019, así como una disminución de 27% en el número de personas con un nuevo diagnóstico positivo de VIH. La reducción del número de personas analizadas y diagnosticadas como seropositivas no se revirtió del todo en el 2021. De igual manera, es importante destacar que en el 2020 había 34 526 personas en profilaxis preexposición al VIH frente a las 19 783 del 2019 (32,33).

Tuberculosis

La COVID-19 ha reemplazado a la tuberculosis como la principal enfermedad infecciosa mortal en el mundo; sin embargo, la tuberculosis sigue siendo una enfermedad infecciosa importante, la segunda después de la COVID-19. En las Américas, las muertes estimadas por tuberculosis aumentaron de 24 000 en el 2019 a 27 000 en el 2020, una tendencia que se prevé que continuará en el 2021 y el 2022.

En el 2020 se registró un incremento de 17% en las personas diagnosticadas de tuberculosis, en comparación con el 2019. En el mismo período, se constató una reducción de 19% en las personas bajo tratamiento para la tuberculosis farmacorresistente, que se acompañó de una disminución de 20% de los pacientes con VIH/tuberculosis en terapia antirretroviral durante el tratamiento de la tuberculosis. De igual manera, se registró una disminución de 27% en la población infantil menor de 5 años en contacto con pacientes tuberculosos que recibieron terapia preventiva (34).

Malaria

La COVID-19 se ha asociado con una reducción en el número total de casos de malaria a nivel regional, con un comportamiento desigual en los países. Se registró una reducción marcada en algunos de ellos y se incrementó en otros. Durante la pandemia hubo una afectación general de la vigilancia de la malaria, con la reducción en la detección de casos, de las acciones de vigilancia activa, del despliegue y de la cobertura de las acciones de control vectorial.

Para el período 2019-2020, el número de mosquiteros distribuidos para proteger a las familias frente a la malaria disminuyó 20,6%. En el mismo período hubo una reducción de 28% en el número de personas analizadas para la malaria, y de 46% de la población protegida con fumigación residual en interiores (35,36).

Enfermedades no transmisibles y COVID-19

Comorbilidad

Antes de la pandemia, las enfermedades no transmisibles ocasionaban 81% de las muertes en las Américas. Las principales son las enfermedades cardiovasculares, las enfermedades crónicas respiratorias, la diabetes mellitus, el cáncer, el alzhéimer y otras demencias. En la Región, 24% de las personas padecía al menos una enfermedad subyacente, aunque este valor varía según la subregión: América Latina representa 22% y el Caribe no latino, 29% (37). Este patrón coincide con las comorbilidades que han presentado las personas con COVID-19 y se asocia a un mayor riesgo de desarrollar un cuadro grave (38).

Diferentes análisis han mostrado incrementos en el riesgo de muerte por COVID-19 en las personas con enfermedades no transmisibles preexistentes, en particular con diabetes, hipertensión y obesidad (39). Del total de los casos notificados de COVID-19, 1 509 786 presentaba al menos una comorbilidad. El número de casos con al menos una comorbilidad aumenta con la edad y el grupo de los mayores de 70 años registra 28% de los casos comunicados (figura 10).

Figura 10. Número de pacientes comunicados con al menos una comorbilidad en la Región de las Américas, por grupo etario, del 1 de enero del 2019 al 8 de septiembre del 2022

Graph
Fuente: Organización Panamericana de la Salud 2022. Datos Disponibles en: https://ais.paho.org/phip/viz/COVID-19EpiDashboard.aspAvailable at: https://ais.paho.org/phip/viz/COVID-19EpiDashboard.asp.

En cuanto a los pacientes con COVID-19 que ingresaron en una unidad de cuidados intensivos o requirieron ventilación asistida, solo se cuenta con una muestra (probablemente no representativa) de 24,6% y 23,4% del total de casos comunicados con al menos una comorbilidad. De los 371 789 pacientes ingresados en una unidad de cuidados intensivos, la enfermedad cardiovascular se registró en 60% de los casos (182 846), seguido por diabetes con 30% (90 902) casos. De los 352 537 pacientes conectados a un ventilador, 50% (177 556) comunicaron enfermedad cardiovascular, seguido por diabetes, con 23% (80 727) casos.

Salud mental

La magnitud de los trastornos de salud mental de la población durante la pandemia de COVID 19 aún no ha sido completamente documentada, pero es notorio que ha afectado negativamente sobre todo a las relaciones interpersonales, con incrementos en los informes de casos de violencia doméstica y en llamadas de auxilio a los servicios de salud mental.

Las diferentes medidas de mitigación implementadas en los países ante la propagación de la pandemia (cuarentenas, restricciones a la movilidad y distanciamiento físico) incrementaron la ansiedad, la depresión y el consumo de sustancias adictivas en amplios sectores de la población (40,41). La ansiedad asociada a la pandemia ha dado lugar a la descripción de un síndrome de estrés por la COVID-19 (42). Canadá y Estados Unidos han informado de que 38% de las personas adultas han presentado algún grado de angustia, y 16%, niveles elevados de ansiedad, lo que genera una carga adicional en la demanda de servicios de salud mental (42).

La pandemia de COVID-19 ocasionó hasta enero del 2021 un incremento en las prevalencias de depresión y ansiedad si se analizan en función tanto de las infecciones diarias por SARS-CoV-2 notificadas como de los cambios en la movilidad. Estas afecciones se vieron particularmente en personas jóvenes, mujeres y personas en situación de vulnerabilidad socioeconómica, así como en personas con alteraciones mentales preexistentes (43). Estos incrementos representan 53,2 millones de casos adicionales de depresión mayor y 76,2 millones casos adicionales de trastornos de ansiedad, lo que implica un incremento de 27,6% y 25,7%, respectivamente, con relación a los niveles previos a la pandemia (44).

Los estudios han demostrado que la pandemia ha amplificado los factores de riesgo asociados con el suicidio, como la pérdida del trabajo o económica, el trauma o el abuso, los trastornos de salud mental y las barreras para acceder a la atención médica. Entre la población de adolescentes y jóvenes, un estudio del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) en la Región señala que 27% comunicaron síntomas de ansiedad y 15%, de depresión, y una tercera parte de ellos identificaron la situación económica como el principal factor desencadenante de estos estados (45). Asimismo, 43% de las mujeres y 31% de los hombres dijo sentirse pesimistas frente al futuro (45). Entre el personal de salud, los estudios en la Región hablan de cifras elevadas de trastornos mentales en Argentina, Chile, Estados Unidos, México y Trinidad y Tabago.

La salud mental debe posicionarse de forma permanente en el mismo nivel que la salud física. Los países deben garantizar el acceso a servicios de salud mental, priorizar a los grupos de población poblaciones en situación de vulnerabilidad, y desarrollar estrategias e iniciativas en conjunto con los sectores educativo y laboral para la identificación temprana de trastornos de salud mental que requieran atención.

Embarazo

En un estudio comparativo realizado por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades se establece que la probabilidad de que las mujeres gestantes sean hospitalizadas es 5,4 veces mayor que el de las mujeres no gestantes de la misma etnia y edad. Asimismo, su riesgo de ser hospitalizadas en una unidad de cuidados intensivos también es mayor, así como el riesgo de necesitar ventilación mecánica, que es 1,7 veces mayor (46).

Por otro lado, aunque el riesgo general de enfermedad grave y muerte para las personas embarazadas a nivel mundial siguió siendo bajo, los efectos de la pandemia fueron especialmente graves para este grupo de población en la Región de las Américas. Según los datos obtenidos de 24 países en el 2021, en comparación con los notificados en el 2020, se registró un aumento tanto en el número de casos como en las muertes entre las personas embarazadas positivas para el SARS-CoV-2 (cuadro 8). Aun así, la mayoría de los países notificó una razón de mortalidad materna mayor en el año 2021.

Cuadro 8. Indicadores seleccionados de la COVID-19 en mujeres embarazadas, Región de las Américas, año 2020 y enero a noviembre del 2021
PaísNúmero de embarazadas positivas para SARS-CoV-2Número de muertes en embarazadas positivas para SARS-CoV-2RMMb (100 000 nacidos vivos)Número de embarazadas positivas para SARS-CoV-2Número de muertes en embarazadas positivas para SARS-CoV-2RMMb (100 000 nacidos vivos)
20202021 (enero a noviembre)
Argentina9001416,413 48317427,6
Belice181228,34458111,3
Bolivia (Estado Plurinacional de)9633111,82442207,6
Brasil54892569,29871104638,0
Canadá292510,3562720,5
Chile661020,99220146,1
Colombia7994567,610 76513718,8
Costa Rica33534,81048914,7
Cuba18000,057699594,6
Ecuador1589299,71255289,4
El Salvador272109,829254,9
Estados Unidos68 459802,279 0571604,4
Guatemala65282,1130671,9
Haití7941,52700,0
Honduras508156,93104118,9
Méxicoa10 56820510,520 29343122,9
Panamáa1697911,792256,5
Paraguaya59910,715638863,6
Perú40 8188113,714 62210918,4
República Dominicana7073617,487994,4
Santa Lucía500,04100,0
Surinamea184218,039620179,6
Uruguay10600,016591233,4
Venezuela (República Bolivariana de)33891.943971,5

Notas: a Incluye a personas embarazadas y puérperas.
bRMM: razón de mortalidad materna calculada sobre las muertes de personas embarazadas (y en algunos casos puérperas) positivas para SARS-CoV-2 por 100 000 nacidos vivos. El número de recién nacidos se obtiene de las estimaciones facilitadas en el Portal de Indicadores Básicos de la OPS. Véase: Organización Panamericana de la Salud. Portal de Indicadores Básicos. Tablero de los indicadores básicos. Washington, DC: OPS; [c2021]. Disponible en: https://opendata.paho.org/es/indicadores-basicos/tablero-de-los-indicadores-basicos.
Fuente: Datos facilitados por los centros nacionales de enlace para el Reglamento Sanitario Internacional o publicados por los ministerios de salud, institutos de salud u otros organismos de salud similares.

Fuente: https://hia.paho.org/es/covid-2022/salud

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